jueves, 12 de agosto de 2010

Adiós

El movimiento del vehículo, el ruído que retumbaba en mis oídos, el desequilibrio provocado por la rotación de sus ruedas junto al duro piso de cemento. Era un día de lluvia. Las gotas chocaban contra el cristal, se deslizaban, se besaban las unas a las otras y caían hacia el abismo. El vehículo seguía viajando mientras miraba a duras penas el paisaje desconocido. Recordé sus rostros tristes. Recorrí a tráves de mi mente el recuerdo a carne viva de sus manos luchando contra el viento para poder ir de derecha a izquierda en señal de despedida. Volví a mirar la lluvia caer y cada gota era señal de mi corazón roto, como si fuera mi propia sangre la que iba cayendo para así luego secarse y formar una herida.
Llegué. Veía aquel lugar travieso que jugaba con el punto de partida, congeniando una disputa.... pero el único punto que yo podía ver era uno negro, oscuro, que penetraba en mi alma corazones rotos y personalidades en ruinas.

3 comentarios:

  1. Que difícil decir adiós, un dolor en el alma que solo tenemos que olvidar, nos mata para volver a renacer.
    Saludos
    Me encanta este blog.

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  2. Todo se tiñe de lo que tenemos adentro.

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  3. es dificil despegarse de algo cuando lo tienes muy adentro, lo tienes tan arraigado que ya es parte de ti pero al final te das cuenta que jamas fue tuyo solo compartio un lapso de tiempo a tu lado.... dejalo ir no te aferres a las cosas, se que es dificil pero nada es imposible

    saludos!

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