jueves, 14 de abril de 2011

Retorción



Desde un vientre rozó la caricia de un alma infectada por una dulce espera. Hasta que por fin se concretó. El viento le molestaba al atravesar sus pupilas, el peso de su cuerpo le dilataba la mirada... un oscuro resplandor retrocedía y avanzaba ante su presencia, formando un cierto movimiento indeciso.Sus huesos con el tiempo cambiaron de tamaño, sus labios empezaron a pronunciar palabras cargadas de seguridad que nadie comprendía, su caída se volvía reticente... pero soportable.
Un corazón latente descubrió el amor, ¡Y qué ocurrencia! Un palpito habría bastado para que dejara al sufrimiento en las oscuras aguas de las alcantarillas. Pero era así como el vientre, ocurrente, la había formado: con diferencias inoportunas que su entorno se vería obligado a aceptar, especialmente la dueña de él. Recorriendo lágrimas sutiles, puentes de desesperadas desgracias, calles de eternos rechazos propios, escuelas de enseñanzas que se hacen pasajeras, museos de arte confusa y vidrieras de cristales frágiles, se dio cuenta del no- beneplácito por parte de la sociedad acerca de su persona.
No le gustó demasiado aquel descubrimiento. Agachó la cabeza y pidió perdón con necedad por su nacimiento superfluo. No había un mínimo espacio para la duda. No había sido de elección personal amar a quien no se aceptaba. No había sido ella la electora de su propia felicidad, ni siquiera lo había sido por amar al sexo de quien le había dado la vida.

miércoles, 6 de abril de 2011

Tic Tac


"Nosotros matamos al tiempo, pero él nos entierra"

Toqué la puerta. El desesperante sonido de mi reloj de mano podría haberme afectado sobremanera si no hubiera sido por mi corazón, que latía aún mas fuerte suprimiendo así cualquier tipo de sonido irritante.
Abriste la puerta al fin y sentí cómo la suavidad de tus labios sobre mi mejilla lograba un cosquilleo que iba desde mi rostro hacia mi estómago. Me hiciste pasar. El tacto de tu mano sobre mi hombro era una caricia vacía, pero sin embargo dolorosamente placentera.

No te conocía en lo absoluto, pero algo dentro mio me decía que ya lo había hecho. Agarraste un libro, el motivo del encuentro, y me lo entregaste con una sonrisa... de aquellas que ni un solo palpito podría recompensar por su belleza.

Tic tac... el reloj marcaba las cinco, el horario de la despedida. Me pediste disculpas por no haberme ofrecido un café, mientras yo luchaba por perdonar al tiempo por su error de alejarme de ti.

Tic tac, aquel sonido desesperado volvía a sonar otra vez como si quisiera llevarme a otra dimensión.

La puerta volvió a abrirse llevando hacia el otro lado una oportunidad de la cual se adueñó el viento y yo quedé del otro lado.

La puerta se cerró, el dolor se abrió, el reloj volvió a sonar. Tic tac, en otra vida será.