miércoles, 10 de abril de 2013

regresando...

Hace un año y unos cuantos meses que no subo a este blog. Dejé de publicar acá porque creí que había cumplido su ciclo y, de hecho, así lo fue. Pero siento que debo retomarlo porque dejé acá una parte de mi que había olvidado, fue una fase llena de cambios muy repentinos en la cual no sabía dónde estaba parada y de repente el mundo se movía muy rápido y me mareaba tanto tanto que tenía que escribir acá. Si bien no he publicado experiencias de mi vida en concreto, dejé muchos pensamientos plasmados en mis cuentos, textos, como quieran definirlo. Y acá estoy, hoy, mucho más madura y con una realidad diferente. Creo, también, que este año es un año de cambios en el que me estoy definiendo cada vez más, tal y como lo fue ese año tan movido que a algunos les tocó vivir conmigo mediante las letras. Muchas gracias por leerme. Los dejo con algo que escribí y espero les guste.

Tengo ganas de escribir y no se cómo, ni cuándo, ni dónde, mucho menos de qué. Imagínense, alguien que quiere escribir y no sabe cómo.
Me recuerdo a alguien, no se a quién, ni cómo era... pero era sin ser, un ser. Tal vez era tanto que no me dejaba ser. Imagínense, alguien que quiere ser sin querer su ser. En fin... conocí a ese alguien. Un ser completamente extraño, que no definía con exactitud la realidad de seres que, en realidad, no eran nada. Pero consideraba que eran por el simple hecho de que los cuerpos conllevaban en ellos almas de total espíritu y esperanza. 
Solía decirme que vivir sin disfrutar era un disparate... tanto como fumar sin que te guste el humo, el olor, la sensación. Imagínense, vivir sin vida. Consideraba que la vida de un ser sólo dependía de vivir siendo eso que querés ser.
No sé realmente si conocí a áquel ser. Ustedes tal vez me creen y les estoy haciendo creer. Puede que el ser sea un fragmento de un libro, de una revista, de una propaganda, de un programa de radio, de una serie... o de mi misma. Sí, un fragmento de mi misma. Imagínense, un fragmento de un ser que vive sin vivir, que le hacen creer que cree, ser que no es, alma sin espíritu, ser social en una sociedad extremadamente socializada. 
La gente se ha vuelto loca de tantas locuras. La locura se ha vuelto loca de tantos locos.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Lunes, cruel realidad.

Nueve y media de la mañana y la luz del sol aún era tenue. Mujer de perdidas miradas y profundas soledades miraba sin mirar, queriendo salir de aquel lugar que poco a poco la iba sofocando sin que pudiera hacer nada al respecto.
Odiaba los lunes, sabía que ese era el día en que la realidad iba a reprocharle cada sueño roto. Cinco palabras y muchas más lágrimas, realmente no le gustaba la idea de pensar que durante dos noches se había olvidado de lo que era sentir... dos días sin pretender sonreír, sin amores desencontrados ni viajes de tristezas hacia un lugar oscuro: el abismo.
Cinco días más, pensaba, pero el reloj no avanzaba... se había pausado para que viera detalladamente cada cosa y problema que debía resolver. El reloj ya no hacia "tic tac". Su corazón ya no latía más. Su sangre se congelaba al igual que su piel, el abismo la había llevado con él, la tristeza de su corazón aún seguía latente y cada vez era más fuerte el sentimiento de soledad.
El lunes la había matado, pero ella seguía respirando...

lunes, 12 de septiembre de 2011

Le decían que de un aprendizaje maduraría... pero no quería moverse, estaba demasiado cómoda como para pensar qué ficha debía mover. Le preguntaban si se animaba a reír, a soñar, a jugar con esos sueños que se suponía que tenía que fabricar. Pero bajaba la cabeza, tímidamente, y decía que si. No lo sentía, se había olvidado cómo reír y cómo soñar, se había olvidado lo que se sentía volver a creer. 
La habían dejado sola, le habían sacado las ruedas de la bicicleta para que pudiera ser libre, para que ya no se sintiera atada a eso que tanto la estaba sosteniendo.
 De más está decir que no supo aprovecharlo. La libertad no quería jugar con sus destellos, ni siquiera podía sentir el aire ingresando en sus pulmones. Negó que se habían ido, e intentó volar.. pero se caía una y otra vez hasta que se cansó de intentarlo. 
Lo único que sabía era que extrañaba esas viejas ruedas. No quería crecer... sabía que más tarde, cuando aprendiera a usar su bicicleta, los autos podrían atropellarla... y las calles de sueños rotos le parecían demasiado peligrosas como para arriesgarse a caer en el abismo... un abismo donde ya no existiría vuelta atrás.

domingo, 11 de septiembre de 2011

lunes, 5 de septiembre de 2011

Bajo la luz del Sol.



Le gustaba bailar bajo una tenue luz que provocaba el sol al aparecer por el horizonte. Cada vez que lo hacía y sentía el calor que descendía lentamente por su cuerpo, no podía apartarse.
El cielo le parecía hermoso cuando cargaba tanta luz, y las nubes que se apartaban para dar lugar a la inmensidad de un cielo azul, le iluminaba el alma. La música tomaba posesión de sus pies hasta que caía, agotada, en un césped de un verde brillante y de una suavidad casi imposible de no sentir.
¿Cómo pude haber cambiado tanto? Se preguntaba todas las noches bajo una somnolencia superior a ella, mientras el recuerdo vivo de su imagen a la luz del sol amenazaba con manipular sus sueños.
Ella lo sabía, ya no era la misma. Lo que antes disfrutaba hacer con tanta devoción y de la manera más sana, ahora le parecía aburrido. Su luz ahora se prendía al encender con fuego el néctar de los dioses, al sentir la adrenalina que provocaba el alcohol al circular por sus venas... y vivía en una realidad diferente, y en cierto modo más sana para su corazón que se encontraba en pedazos.
El sol ya no la iluminaba. La inmensidad del cielo había devorado ferozmente toda esperanza, toda risa... todo momento de felicidad. Hasta que por fin la noche dejó cegados sus ojos... se había cansado de bailar bajo la luz de sol.




PH: NICO SCHIJA

martes, 30 de agosto de 2011

             El futuro aún es nuestro




“Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto de las malas acciones ni de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena.” -Martin Luther King


Miraba el flamear de la bandera, sutil encanto que derramaba lágrimas de pobreza y destrucción. Una revolución se aproximaba, las voces del pueblo querían justicia, el latir de una clase obrera hacían eco para lograr ser escuchados, las incesantes palabras de las clases altas ponían en juego la estabilidad de un país que estaba a punto de ser arrojado sobre tierra y mar. Niños llorando buscando a sus madres, adolescentes lastimados en carne y hueso con los pedacitos de país que cortaban sus pies descalzos, mujeres golpeadas por un viento destructivo que amenazaba con llevarse a los débiles, hombres incapaces de abrazar a la Patria con sus enormes brazos… las risas se habían esfumado, la revolución estaba comenzando.


Hasta que apareció. Caminó despacio entre la multitud, ésta callaron sus voces ante la presencia de aquella mirada aterrorizante. Se paró en seco al llegar a ese pequeño espacio que dividía al pueblo con el poder, y el silencio se volvió casi intolerable.


Lo habían elegido, esa era una realidad, pero de nada había servido… porque, al igual que en ese instante, habían tenido que silenciar todo pensamiento por temor a ser penetrado con la mirada de aquel hombre poderoso.


Le llamaron dictadura, pero no estaba ni cerca de ser una. Eran simplemente esos ojos despiadados los que limitaban la libertad de expresión… no era ni una palabra ni un acto violento, era solo ESA manera inquietante que tenía al observar. Por esa razón subió a la cima, porque su mirada era diferente a las demás. Y por este motivo, el pueblo clamaba por compasión.


Sin embargo, su corazón estaba cargado de causas nobles, pero ya era en vano… toda una sociedad se encontraba ahora en llamas. La revolución había quemado sus cuerpos con ese fuego que absorbía lentamente las almas que se encontraban en paz.


Él, hombre superior, sonrió por primera vez en sus cinco décadas de vida, pero ya nadie podía verlo. A la oportunidad de cesar los llantos se las había llevado el viento… o el fuego.


Ahora sonreía, pero ya no podía quedarse. Ver morir a su pueblo marchitaba sus esperanzas, convertía esa sonrisa en lágrimas. Por eso, cuando se convirtió en el salvador, en el que su país necesitaba, se marchó cargado de dolor… pero si hay algo que puedo asegurar es que siempre mantuvo su corazón teñido de celeste y blanco.

sábado, 13 de agosto de 2011

Fuera de lugar

Hoy quería escribir algo diferente, ya que hace mucho tiempo que no subía. Pido perdón por mi ausencia. Bueno, y tengo otra noticia.


Fuera de lugar:

Simplemente no tengo qué escribir, no tengo ni las ganas ni las fuerzas suficientes como para hacerlo... pero sin embargo lo hago, aún sabiendo que el motivo es totalmente desconocido. Aunque tampoco quisiera aburrirlos, o.. tal vez ese sea mi propósito, no lo sé. La cuestión es que no tengo ganas de escribir pero lo hago igual aunque no quiera aburrirlos. La mente humana es así, dice lo que tu corazón quiere oír. Error. Mi corazón me abandonó hace mucho tiempo, ¿O es que en verdad nunca lo tuve?
Por esta razón, porque quiero aburrirlos, les voy a contar mi historia... espero que ocasione risas entrometidas. Así que ya no soy yo.. es mi mente retorcida la que va a jugar con sus emociones, espero no ser responsable de lo que vayan a pensar.
Mi gran problema siempre fue, según las normas establecidas por la sociedad, fue que nunca quise dar nada por alguien. Me casé, tuve hijos, trabajé, pero siempre vivía aburrido así que no tuve opción y maté a mi esposa. Claro, para todos era un hecho catastrófico pero para mi nada con demasiada relevancia. La verdad es que incluso creo que le hice un favor a la humanidad. Nunca me había gustado mi mujer, realmente... era el estereotipo de mujer perfecta, ya saben... pelo largo, ojos claros, madre ejemplar, trabajadora, de bien vestir. Pero era aburrida, siempre tenía la misma cara para diferentes situaciones de la vida. Y era feliz, y me molestaba. Era como si se despertara para mostrarme su felicidad a sabiendas de que yo era un ser sin sentimientos y que vivía molesto por todo aquello que no se concretaba en mi vida. Me caía mal, no la toleraba, no podía estar ni un segundo a su lado sin que ella me pidiera una sonrisa. Pero yo nunca supe sonreír, nunca supe abrazar ni consolar a nadie y no iba a aprender por alguien que ni siquiera me caía bien.
No sé, mi historia es tan aburrida que me aburrí yo. Pero tengo tanta maldad en mi cuerpo que continuar dejaría satisfecha a la gente que lee y que es feliz, y me molesta la gente feliz... A ustedes no?