domingo, 10 de octubre de 2010

Desliz de emociones.

“Mas dichosa es en la Tierra la rosa cuya esencia destilamos, que la que, marchitándose en su tallo virgen, crece, vive y muere en bendición solitaria”
William Shakespeare.


Mi tierra está clamando el nombre de un ser que la ha abandonado: yo, la persona que se dejó llevar por la superficialidad que beneficia a mi nuevo apeadero. Agudizo mis sentidos al ir alejándome de ella, oigo el llanto de su bandera, toco su triste alma con mis dedos, siento el sabor mismo de la fúnebre desolación, veo la decepción en su rostro… huelo la añoranza acechar en mi interior. 
No sabía lo que dejaba atrás, pero con el tiempo mi Patria se acordó de mí. Vi por la noche el alma de una aurora, oí la armonía del aire dilatado en las sombras y supe que ella me había enviado una señal. Es en vano luchar por describir con palabras lo que aquello me hizo sentir, pero sí puedo decir que el resplandor destilante de sus ojos desconsolados produjo un estrecho dolor en el instante en que eso sucedió. Me observó con esa mirada insufrible y pronunció algunas palabras despechadas.


-Mírate. ¿Hace cuánto que en el espejo no ves esa sonrisa esperanzada que veías cuando estabas pisando tu tierra? ¿Hace cuánto que no ves a los niños jugar en la vereda y pensar en ellos como un futuro prometedor? ¿Hace cuánto que no te lamentas por el sufrimiento de tus propios hermanos patriotas? ¿Hace cuánto que no oyes el ruido de las rotas cadenas, que no ves en el trono la noble igualdad? Podrías arrancar de tu corazón a tu Patria, pero ella nunca te arrancará de su alma.


Entre sueños me alejé de aquella voz, pero cuando supe que iba a morir, abrí los ojos y la reconocí: Argentina  seguía allí y yo iba a morir a su lado, escuchando el latir de su corazón incesante.

Con este texto salí primera en un concurso literario, espero que les guste =).