miércoles, 22 de septiembre de 2010

Relexión.

Hoy me desestructuro de todo texto que pueda haber publicado antes porque realmente necesito hacer esta reflexión. Hace un par de días estaba en la plaza leyendo un libro cuando algo me llamó muchísimo la atención. Un niño pasaba de un lado a otro con su hermanito más pequeño. Este niño estaba por empezar la pubertad y seguía jugando en los columpios y toboganes. Y me empecé a preguntar ¿Sabrá lo que le espera? Y ese pensamiento llegó a otro de otra índole. La miré a la madre que no disfrutaba en lo absoluto de estar ahí, al aire libre. Su hijo sonreía, divertido y feliz de estar ahí pero su madre... perdiendo momentos hermosos. Y volví a preguntarme pero esta vez algo diferente: ¿Será que al crecer, al llegar a la adultez, uno se aferra al sufrimiento en vez de contentarse por cosas mínimas, por seguir vivo? o ¿Será que con el tiempo y a medida que nuestros cuerpos van cambiando olvidamos lo que significa sonreír con auntenticidad? Y si es así, concluí que no me gustaría crecer jamás. No quiero olvidar cómo se vive, ni quiero correr sin sentirme libre.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Lluvia.

Muchos se negaran a admitir que lo que digo tiene algo de cierto pero hoy no escribo para ustedes, hoy escribo para ella: la lluvia. Le escribo porque sus lágrimas inundan mi rostro, porque con el roce de su alma con la mía puedo ser capaz de, al cerrar los ojos, ver la profundidad con la que su aliento me da la libertad. Le escribo porque con el sonido de su llanto desgarrador puedo oír mi propio llanto, porque a las heridas que va dejando las puedo pisar àra recordar que existo. Es por ella que escribo ahora, que coloco mis manos y me siento acompañada por su frescura. Le escribo con cautela, respetando su posición, pero sobre todo con amor... ese amor que se siente por primera vez.