-¿ A dónde se van los sueños cuando mueren?- Me preguntaste aquella vez.
Recuerdo que me mirabas fijo y que tenías el pelo atado para el costado derecho, de modo tal que tus rulos caían entristecidos por el dolor que les generaba no ser libres. Esperaste un rato más hasta volver a hablar, pero esta vez tu voz sonó entrecortada.
-¿Y cuando un sentimiento se pierde?
Aproveché, y por un instante me limité a observarte. No podía apartar la vista de esos ojos que tanto había envidiado desde el primer momento en que te vi.
-No lo sé- logré responder al fin- Sólo sé que tanto el uno como el otro, están relacionados.
De pronto sentí como si todas las miradas estuvieran clavadas en nosotras, ¿Lo recuerdas? Me comentaste lo mucho que te costaba entender por qué la gente creaba tantos prejuicios en torno a lo diferente, y me vi capaz de comprenderte como nunca antes lo había hecho.
-¿Qué nos pasó?- Me dijiste sin miedo- ¿Qué fue lo que hizo que nuestra amistad perdiera el sentimiento?
Debo reconocer que nunca había sentido un dolor tan abrumador como en aquel momento en el que te vi llorar y tuve que responder sin piedad.
-Sólo fue el amor. El amor que no tolera ver felicidad y que, por tal motivo, se encarga de apartar el sueño de tenerte siempre a mi lado.
Me tomaste de la mano para luego sumergirnos en un adiós interminable, pero que fue el último.
¿Por qué se van los sueños? ¿Por qué uno deja de sentir?...
...Porque ayer me abandonaste.
miércoles, 9 de febrero de 2011
viernes, 28 de enero de 2011
Muerte, sigilosa muerte.
Una oscura tarde de otoño en la que disfrutaba de observar cautelosamente el agua del río y en la que el viento lastimaba mis pupilas debido a su juego, Tadea agonizaba en su cama. No tardé mucho tiempo en enterarme que su alma se había reducido a un cuerpo sin vida. En el momento en que aquello sucedió, quedé impune frente a una risa cargada de dolor. Su muerte no sería demasiado relevante para la humanidad, pero lo sería para mi.
Apenas me informaron lo ocurrido supe que había sufrido demasiado segundos antes de morir y me apené sobremanera. Recordé una frase de Oscar Wilde que decía: "Aquel que vive más de una vida, tiene que sufrir más de una muerte" y me consolé pensando que eso era lo que había ocurrido.
Era tal la nostalgia que sentía que llegué a creer que el amor jugaba entre las sombras produciendo siniestras caricias a nuestros corazones para luego arrastrarnos hacia el abismo de manera tal que pudiera alimentarse con nuestras almas, pero hoy sé que no es eso el amor.
Tampoco es más que un recuerdo haberla querido, pero es un aprendizaje... aunque prefiera callarlo.
Poco a poco uno conoce gente y se olvida de quien conoció, pero nunca de quien fue.. y yo fui Tadea, mi personaje ficticio, quien no recorrió con sus manos el tacto de la muerte, pero quien mató un mató un sentimiento.
domingo, 9 de enero de 2011
Cielo, presencia.
No sé qué quiero expresar en este espacio tan limitado, tampoco sé si es un testimonio, un texto o un garabato sin sentido alguno. Sólo sé que cuando leas esto podrás estremecerte de tal manera que el evitar sonreír será en vano.
Recuerdo aquella noche oscura en la que caminábamos por la gran ciudad. Me mirabas fijamente esperando una respuesta a una pregunta complicada. No quería responder, pero tampoco era algo que hubiese podido evitar puesto que tenías el don innato para convencer e incluso hipnotizar cuando esperabas algo del entrevistado. Me sonreíste dulcemente para que cayera en tus garras, que de hecho, no tuve otra opción que hacerlo.
-Sí, la respuesta es sí.
-Entonces.. ¿Te gusto?
Respondí afirmativamente con la cabeza y miré hacia la nada. Y apenas lo dije supe que me había arrepentido. Hiciste una mueca, una que no me agradó en lo absoluto. No hacía falta que me confirmaras lo que sentías, pero tampoco era necesario que me dijeras que lo nuestro era demasiado complicado como para jugarte por tus sentimientos.
Permaneciste observándome, te paraste en seco y me besaste. ¿Te acuerdas de eso? Tus dulces labios se sellaron con un adiós y después de ese momento corriste hacia la nada, dejando a tu cabello corto jugar con el viento. Y no tuve oportunidad de volver a verte, nunca más.
Ayer miraba el cielo, pensando que en la otra punta del mundo éste en vez de ser celeste sería casi negro. Pensaba en que era impresionante cómo el cielo puede estar en cualquier lugar donde estés, inclusive cuando uno se siente solo, y me decía a mi misma que SOS como un cielo.. lugar que vaya, lugar donde te tengo presente.
Recuerdo aquella noche oscura en la que caminábamos por la gran ciudad. Me mirabas fijamente esperando una respuesta a una pregunta complicada. No quería responder, pero tampoco era algo que hubiese podido evitar puesto que tenías el don innato para convencer e incluso hipnotizar cuando esperabas algo del entrevistado. Me sonreíste dulcemente para que cayera en tus garras, que de hecho, no tuve otra opción que hacerlo.
-Sí, la respuesta es sí.
-Entonces.. ¿Te gusto?
Respondí afirmativamente con la cabeza y miré hacia la nada. Y apenas lo dije supe que me había arrepentido. Hiciste una mueca, una que no me agradó en lo absoluto. No hacía falta que me confirmaras lo que sentías, pero tampoco era necesario que me dijeras que lo nuestro era demasiado complicado como para jugarte por tus sentimientos.
Permaneciste observándome, te paraste en seco y me besaste. ¿Te acuerdas de eso? Tus dulces labios se sellaron con un adiós y después de ese momento corriste hacia la nada, dejando a tu cabello corto jugar con el viento. Y no tuve oportunidad de volver a verte, nunca más.
Ayer miraba el cielo, pensando que en la otra punta del mundo éste en vez de ser celeste sería casi negro. Pensaba en que era impresionante cómo el cielo puede estar en cualquier lugar donde estés, inclusive cuando uno se siente solo, y me decía a mi misma que SOS como un cielo.. lugar que vaya, lugar donde te tengo presente.
FELIZ 2011
jueves, 25 de noviembre de 2010
Salvedad.
Resultó ser cierto: Él la amaba. Y cuando el dulce resplendor de sus ojos recorría mirada con mirada el arribo de un nuevo sentimiento, él escuchó su llanto. En su pecho sintió a carne viva la opresión y, comprendiendo perfectamente su dolor, apoyó suavemente sus labios sobre los de ella. Sus manos recorrieron su rostro, corazón con corazón latían juntos, cuerpo con cuerpo sintieron la calidez de la ternura. Separarse para ellos fue una especie de tortura, pero a la vez el comienzo de algo nuevo.
Ella agarró un cigarrillo, él observó el sensual movimiento con el que lo acercaba a su boca. Lo encendió. Era una luz tenue la que provocaba el fuego frente a una habitación sólo alumbrada por la luminosidad de la luna, pero para él esa pequeña luz alumbraba el rostro de la dama tanto que podía ver sus ojos claros con perfecta claridad. Ella sonreía avergonzada por su mirada constante, hasta llegar a desprender una risita inocente.
Esa noche fue especial. Miraron frente a un gran ventanal las estrellas y la gran luna que se lucía en el cielo. Beso tras beso ella olvidó su dolor y en cuánto a él... descubrió lo que era el amor.
Pero como muchos hombres... tras el amanecer lo olvidó.
PD//No es nada personal. Sólo es algo que se me ocurrió.
Ella agarró un cigarrillo, él observó el sensual movimiento con el que lo acercaba a su boca. Lo encendió. Era una luz tenue la que provocaba el fuego frente a una habitación sólo alumbrada por la luminosidad de la luna, pero para él esa pequeña luz alumbraba el rostro de la dama tanto que podía ver sus ojos claros con perfecta claridad. Ella sonreía avergonzada por su mirada constante, hasta llegar a desprender una risita inocente.
Esa noche fue especial. Miraron frente a un gran ventanal las estrellas y la gran luna que se lucía en el cielo. Beso tras beso ella olvidó su dolor y en cuánto a él... descubrió lo que era el amor.
Pero como muchos hombres... tras el amanecer lo olvidó.
PD//No es nada personal. Sólo es algo que se me ocurrió.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
22/10 = Green Day
Un mes. 31 días. Millones de emociones. Un par de peleas. Varias lecturas. Una nueva amistad. Momentos de cambios repentinos. Salidas diferentes. Una pérdida. Cosas que cambian, no así el sentimiento. 744 horas de haberlos visto en vivo. 44640 minutos de haber llorado con una canción. 2678400 segundos de haber vivido el mejor día de mi vida.
El cielo se llenaba de nubes, a diferencia de como lo había imaginado. Los nervios eran mas fuertes que cualquier otra cosa, incluso más que la ansiedad. Estaba extasiada de euforia. Entré a Costanera Sur. Tocó Massacre. Seguía nerviosa mientras iba cada vez más adelante. Su voz comenzó a danzar junto al viento. Una guitarra, un bajo y una batería formaron una melodía.
Latidos.
Latidos.
Sólo eso escuchaba. Era mi corazón, expresando una vez más lo que sentía.
Sólo los veía a ellos, indefinidos, como la sombra de un sueño. Creí haberme sentido mareada pero aun así, intentaba seguir el ritmo a quienes saltaban al compás de la música.
Sabía que eran ellos.
Había escuchado sus canciones una y otra vez durante parte de mi infancia y durante mi adolescencia. Eran ellos, los había visto en fotos y en vídeos.
-Son ellos- Intentaba convencerme.
Las canciones seguían sonando. Billie Joe mojaba a la gente e invitaba a pasar a sus fanáticos al escenario, yo lo miraba... queriendo estar a su lado. Miraba cada movimiento que hacían aquellos seres que yo consideraba celestiales.
Good Riddance llegó, una de las últimas canciones, y con ella una lágrima, el símbolo de que esta allí.
Hoy, a un mes, cuando pensé que no podía amarlos más...
Me doy cuenta de que el amor por ellos no tiene límites.
martes, 9 de noviembre de 2010
Sobre un momento en el que la noche fue larga...
Cuando la mente supera los límites de la piedad y no deja de recordarte acerca de un ansiado alejamiento, comienza el perverso juego en el que te ves obligado a jugar. Un momento en el que la noche fue larga, empiezo a sentir tu dolor y logro comprender que soy la que lo provoca. Un parte de mi, por más lejana a mi que se encuentre ahora, te pide que lo comprendas. Intento evitar aquellas pequeñas situaciones que son inevitables pero muevo la ficha equivocada y tus intentos por vencer comienzan a ser en vano. Repito la acción, supero los limites, hasta que te ves atrapado frente a mis movimientos. El juego termina, decepcionado te vas y quedo sola con un tablero. Lo miro atentamente para saber qué hacer con él pero al adentrarme en él, no logro guardarlo.
Eso no es ganar...
Eso no es ganar...
domingo, 10 de octubre de 2010
Desliz de emociones.
“Mas dichosa es en la Tierra la rosa cuya esencia destilamos, que la que, marchitándose en su tallo virgen, crece, vive y muere en bendición solitaria”
Mi tierra está clamando el nombre de un ser que la ha abandonado: yo, la persona que se dejó llevar por la superficialidad que beneficia a mi nuevo apeadero. Agudizo mis sentidos al ir alejándome de ella, oigo el llanto de su bandera, toco su triste alma con mis dedos, siento el sabor mismo de la fúnebre desolación, veo la decepción en su rostro… huelo la añoranza acechar en mi interior.
No sabía lo que dejaba atrás, pero con el tiempo mi Patria se acordó de mí. Vi por la noche el alma de una aurora, oí la armonía del aire dilatado en las sombras y supe que ella me había enviado una señal. Es en vano luchar por describir con palabras lo que aquello me hizo sentir, pero sí puedo decir que el resplandor destilante de sus ojos desconsolados produjo un estrecho dolor en el instante en que eso sucedió. Me observó con esa mirada insufrible y pronunció algunas palabras despechadas.
-Mírate. ¿Hace cuánto que en el espejo no ves esa sonrisa esperanzada que veías cuando estabas pisando tu tierra? ¿Hace cuánto que no ves a los niños jugar en la vereda y pensar en ellos como un futuro prometedor? ¿Hace cuánto que no te lamentas por el sufrimiento de tus propios hermanos patriotas? ¿Hace cuánto que no oyes el ruido de las rotas cadenas, que no ves en el trono la noble igualdad? Podrías arrancar de tu corazón a tu Patria, pero ella nunca te arrancará de su alma.
Entre sueños me alejé de aquella voz, pero cuando supe que iba a morir, abrí los ojos y la reconocí: Argentina seguía allí y yo iba a morir a su lado, escuchando el latir de su corazón incesante.
Con este texto salí primera en un concurso literario, espero que les guste =).
William Shakespeare.
Mi tierra está clamando el nombre de un ser que la ha abandonado: yo, la persona que se dejó llevar por la superficialidad que beneficia a mi nuevo apeadero. Agudizo mis sentidos al ir alejándome de ella, oigo el llanto de su bandera, toco su triste alma con mis dedos, siento el sabor mismo de la fúnebre desolación, veo la decepción en su rostro… huelo la añoranza acechar en mi interior.
No sabía lo que dejaba atrás, pero con el tiempo mi Patria se acordó de mí. Vi por la noche el alma de una aurora, oí la armonía del aire dilatado en las sombras y supe que ella me había enviado una señal. Es en vano luchar por describir con palabras lo que aquello me hizo sentir, pero sí puedo decir que el resplandor destilante de sus ojos desconsolados produjo un estrecho dolor en el instante en que eso sucedió. Me observó con esa mirada insufrible y pronunció algunas palabras despechadas.
-Mírate. ¿Hace cuánto que en el espejo no ves esa sonrisa esperanzada que veías cuando estabas pisando tu tierra? ¿Hace cuánto que no ves a los niños jugar en la vereda y pensar en ellos como un futuro prometedor? ¿Hace cuánto que no te lamentas por el sufrimiento de tus propios hermanos patriotas? ¿Hace cuánto que no oyes el ruido de las rotas cadenas, que no ves en el trono la noble igualdad? Podrías arrancar de tu corazón a tu Patria, pero ella nunca te arrancará de su alma.
Entre sueños me alejé de aquella voz, pero cuando supe que iba a morir, abrí los ojos y la reconocí: Argentina seguía allí y yo iba a morir a su lado, escuchando el latir de su corazón incesante.
Con este texto salí primera en un concurso literario, espero que les guste =).
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